\ Escrito el 30 octubre, 2017 \ por \ en Artículos, Destacados \ con 127 Visitas

El sueño de los 32 años: Everton y su nueva administración

Por Joaquín Torres.

Más de tres décadas se demoró en volver a disputar una final de Copa Chile. Contra todo pronóstico, Everton que hace pocos meses jugaba en segunda división llegaba a los primeros planos del fútbol chileno nuevamente. Entremedio, inversores extranjeros compraron al club viñamarino, con efectos que demorarán años en cuantificarse.

Trato hecho

Rafael Viotti definió sin piedad a la derecha del guardapalos de Puerto Montt, para después correr eufórico al banderín de córner en donde se abrazan, desde la remodelación de 1962, la Galería Cerro y Tribuna Andes. Sería el gol que terminaría a la larga dando a Everton su último ascenso, al imponerse por tres goles a uno al equipo más austral del mundo en una fría tarde de miércoles en el estadio Sausalito de Viña del Mar.

Al día siguiente, Jueves 19 de mayo de 2016, en el programa “Los Tenores” de radio ADN, uno de los entrevistados fue el en ese entonces presidente de la institución viñamarina, Antonio Bloise Ramos. El periodista Juan Cristóbal Guarello de inmediato le preguntó por el rumor que hace semanas rondaba al equipo de la Ciudad Jardín.

— ¿Qué es esto Antonio de la venta a los mexicanos, es así, es solo un rumor, por dónde va?

— Evidentemente, ante los trascendidos de prensa como el que usted menciona, Everton como institución nunca se va a negar a recibir y evaluar algún proyecto que signifique que el club pudiera progresar. Pero hoy día no tenemos ningún proyecto que estemos evaluando.

— ¿Entonces no hay ninguna propuesta formal de Pachuca para comprar Everton?

— No hay ninguna propuesta formal y concreta.

— ¿E informal?

— Yo los conozco, ellos quedaron de venir a Chile y esperamos recibirlos.

Un mes más tarde, exactamente el 20 de junio, y con el equipo ya de regreso en la Primera división del fútbol chileno (a pesar de perder el partido de vuelta en Puerto Montt por 1-0), se realizaba la ceremonia que confirmaba oficialmente la venta del centenario club al Grupo Pachuca mexicano. Los directivos aztecas ya habían estado en el país viendo el primer partido en Viña del Mar, pero ahora no tenían planeado retornar a México.

La sorpresa

Unión San Felipe, Palestino, Unión Española y Audax Italiano fueron los rivales que los Oro y Cielo, como se conoce a Everton, dejaron en el camino para llegar a la final de la Copa Chile 2016. La noticia no fue menor, considerando que los ruleteros habían pasado cuatro de los últimos seis años en la segunda categoría del fútbol criollo. Solo siete meses después de su retorno, se posicionaban a solo un partido del trofeo de copa.

La expectativa en la Ciudad Jardín se fue a las nubes con una final a la vuelta de la esquina, y las razones no eran menores, puesto que si ya la historia reciente no era favorable, a lo largo de toda su trayectoria los viñamarinos solo en una ocasión habían llegado al último encuentro de la competencia. Fue en un lejano 1984 cuando se impusieron por tres a cero a la Universidad Católica en el Estadio Nacional. Nada menos que 32 años habían transcurrido, los mismos que pasaron entre 1976 y 2008 para que los de Viña obtuvieran su cuarto campeonato nacional.

Los días previos al encuentro los principales puentes de Viña del Mar, que cruzan al estero que divide a la ciudad, se dejaron ver adornados con banderas azules y amarillas, en clara alusión al partido definitorio. El club realizó una campaña comunicacional motivando a los hinchas a asistir al encuentro a disputarse en el principal recinto deportivo del país. Junto a la repartición de 30 mil flyers con la consigna “No hay excusas para estar ausentes”, se difundieron diversos videos en las redes sociales de la institución animando a comprar las entradas para la final.

Inclusive desde Inglaterra llegó un video de apoyo por parte del Everton Football Club de Liverpool, donde animaba a su par chileno a quedarse con el trofeo. El martes 13 de diciembre, en la víspera del encuentro, las ansias por ver a su club desbordaron a los hinchas de Everton, que se autoconvocaron a un “banderazo” para apoyar al equipo en la última práctica antes del crucial duelo.

“Emocionante el aliento de hoy. Antes de emprender rumbo a Santiago, nuestro plantel llegó hasta el Estadio Sausalito donde más de 2.000 fanáticos los recibieron y arengaron de cara a la gran final de Copa Chile” fue el mensaje que colgó el cuadro viñamarino en su Facebook oficial ese mismo día.

El final

Una gran caravana de micros y buses se apostaron en la plaza Vergara de Viña del Mar antes de partir rumbo a Santiago. Es el lugar desde donde siempre salen “Los del Cerro”, la barra brava de Everton, cuando tienen que acompañar al equipo fuera de la ciudad. Cánticos, banderas y algunas bengalas que se encienden dan cuenta del desmesurado optimismo. Uno de los coordinadores de la barra, Rubén Gaete, más conocido como “Peluca” entre los propios barristas, contaba lo que para él iba a suceder en la jornada.

“Serán quince máquinas aproximadamente, estimamos trasladar unos quinientos hinchas en estas y creo que seremos unos cinco mil en el estadio. Es un momento histórico, porque estamos en una definición que no la vivíamos del 2008 y nosotros no estamos acostumbrados a vivir cosas importantes, vivimos descensos y ahora nos toca bailar con la bonita y esperamos traernos la copa”.

El entusiasmo de los barristas viñamarinos es contenido por un numeroso contingente policial, más de 30 efectivos, quince motos y cuatro radiopatrullas están encargadas de escoltar la caravana o simplemente, de evitar que destruyan todo a su paso. El teniente Felipe Silva relata la experiencia desde la óptica de Carabineros: “La mayor dificultad es el comportamiento de los hinchas, muchas veces no son cooperativos con nuestras instrucciones, la ingesta de alcohol o la ingesta de drogas es la que nos complica un poco”.

A diferencia de otras ocasiones, el traslado de los hinchas ruleteros se produce sin inconvenientes hacia la capital. No hay ninguna Pronto Copec desvalijada, ni enfrentamientos con la barra brava de Colo – Colo. Desde que Everton ganó la final en 2008 a los albos, la rivalidad entre ambas parcialidades aumentó. Fue el primer partido en años sin peleas entre las facciones radicales de los equipos. Por lo menos ese día.

 

Ya dentro del estadio, un lienzo de uno de los “piños” de hinchas de Everton aparece en la parcialidad colocolina, a modo de trofeo por el “rescate”, como se le dice en la jerga de las hinchadas, a quitarle un trapo a la barra rival. Paulo Pérez, barrista viñamarino cuenta qué pasó “El lienzo de la VH(el nombre del piño, que hace referencia a la Villa Hermosa) lo quitaron anoche, esperaron al hermano del Tito afuera de la casa en un auto, se bajaron varias zorras y lo amenazaron”.

La final fue un desastre para Everton en todo sentido, antes de los 40 minutos ya perdía por tres goles, ante el horror en los rostros de los hinchas que viajaron a Santiago. Ramón Fernández terminó con el último fuelle de esperanza al anotar la cuarta diana para los albos, que a esas alturas se clavó como una daga recién afilada en el corazón de los viñamarinos. Para aumentar el sufrimiento, la organización del partido paseó la tarima donde celebra el campeón junto a la Copa al frente de donde estaban los hinchas de Everton, que literalmente vieron pasar el trofeo por sus narices.

El presidente mexicano de Everton, Pedro Cedillo, según señala la estrella de Valparaíso el 15 de diciembre, afirmó una vez concluido el duelo que “Nadie esperaba que llegásemos hasta acá, y no nos queda más que felicitar a Colo – Colo que fue un digno campeón. De todos modos orgulloso de mi plantel y de toda la institución”.

Después de 32 años de su última final de Copa Chile, los ruleteros perdieron ante un rival de pergaminos en el fútbol nacional. Pero solo cinco meses pasaron desde el arribo del Grupo Pachuca, por lo que el sueño de la afición de volver a épocas más felices parece factible al fin. Probablemente ya no deberán soñar por tanto tiempo otra vez, y podrán disfrutar, aunque sea un poco, de lo que siempre han querido.

 

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