\ Escrito el 25 septiembre, 2017 \ por \ en Artículos, Destacados \ con 82 Visitas

La dama de la gema verde

Cuentos de Pluma y Pincel.- Esta producción literaria de Fernanda Tapia Salinas, inspirada en la pintura homónima de William Albert Ablett, fue la  segunda  más votada en el Taller de Guión Audiovisual, que dirige en la Escuela de Periodismo PUCV,  la profesora Francia Fernández.

Francia, 1862

Hace dos años que el país es gobernado por Napoleón III, quien creó la primera ley que regula mi oficio, la prostitución. Tengo 25 años, pero desde los 16 me dedico a esto. Hasta ahora, nunca había sentido miedo, de hecho, había veces que me sentía orgullosa. Disfrutaba de mi trabajo y conocí gente de todas las clases sociales: pobres, ricos, millonarios, hasta gente de la nobleza. Nadie se imagina las personas que han pasado por nuestra casa, sí, una casa de prostitutas, mi casa, y la de muchas otras mujeres.

Desde que Napoleón ascendió al trono, la vida para nosotras ha cambiado. Antes, nuestra casa estaba llena todo el tiempo; los visitantes iban y venían; nuestros clientes habituales nos recomendaban a cada extranjero que llegaba y quería pasar un rato de diversión, sexo y alcohol. Según ellos, nuestra casa era su segundo hogar, siempre nos decían que, pasara lo que pasara, ellos nunca nos iban a dejar, porque les dábamos lo que sus mujeres no eran capaces de darles: satisfacción.

El problema es cuando te enamoras de un hombre, de un cliente, porque no son más que eso, clientes que pagan por estar unas horas contigo. Acá hay varias que pierden la cabeza por amor, porque no faltan quienes las engañan diciéndoles que van a dejar a sus familias, les juran amor eterno y las tontas les creen. ¿Yo? Yo no, jamás me he enamorado, solo me dejo querer recibiendo regalos, por ejemplo, chocolates, perfumes, pieles y joyas. Como esta que llevo en el dedo meñique, una gema que me regaló un viajero que venía de Italia. Él me visitaba los primeros tres días del mes, yo siempre me reservaba para él. Algunas de las chiquillas me molestaban: decían que estaba enamorada, pero no, yo sé que no. Hubo un mes que el italiano no llegó, nunca me dijo el porqué, yo tampoco le pedí explicaciones, si solo era la puta que lo complacía, pero cuando al llegó al mes siguiente me regaló la gema que combina con mis ojos.

Ahora, con la nueva ley, todo eso cambió: muchísimos clientes ya no vienen a vernos, y de los que se atreven a venir a muchos los toman detenidos por ser “inmorales” y pagar por unas horas de lujuria. A nosotras, además de las inspecciones médicas obligatorias, no nos hacen nada, menos mal, pero el día que comenzó a regir la norma allanaron nuestra casa y a todos los que estaban en acción se los llevaron presos. Fue terrible. Cuando entraron a mi habitación, registraron todo, se llevaron muchas cosas. De pura suerte alcancé a guardar mis pieles y mi gema, pero los otros objetos se los llevaron. Esos cerdos se llevaron parte de mi ropa, mis perfumes y chocolates, con la justificación de que eran pruebas de delito.

Ahora, de las 15 que convivíamos acá quedamos ocho, y el mes que viene cuatro nos iremos a probar suerte a América. Dicen que en Norteamérica hay harto trabajo para nosotras. Ojalá, porque así como van las cosas con el emperador, tarde o temprano terminaremos presas.

Fernanda Tapia Salinas

 

 

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