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Miércoles 14 de octubre de 2009 Volver Enviar Imprimir

Autor: Catalina López

EL POLÍTICO DÍSCOLO DE LOS NOVENTA

La política es su pasión y se nota. Cada acción que hace se ve traspasada por ella. La puntualidad es una actitud que no tiene del todo desarrollada, ya que como buen personaje político sabe hacerse esperar. Con paso firme aparece en el living de su casa, con muy buen humor, saluda e invita a su pareja, Ana Lorena Pérez, a prender el primer cigarro del día. Es enfático al recalcar que no es un adicto a la nicotina, ya que sólo fuma uno a la hora de almuerzo y, a veces, otro a la noche, y claro, siempre en compañía de Ana. Pero, ¿quién es y qué hace hoy en día Arturo Longton Guerrero?

“Sí, obviamente yo estoy con Piñera. Yo soy parte de este cuento desde el año 90. Bueno, yo soy tan hincha de Sebastián que hay una carta que firmamos siete diputados el año 90 pidiéndole a Sebastián que fuera nuestro candidato presidencial y la tiene enmarcada en su oficina, ahí está y el 2005 le dimos una embestida a la UDI proclamándolo como nuestro candidato”.

 

Lo anterior describe de la mejor forma su presente, y es que su vida corre a mil por horas y no es para menos, pues hoy en día, Arturo Longton está dedicado cien por ciento a la candidatura presidencial de Sebastián Piñera. Sin embargo, reconoce que para llegar hasta donde está tuvo que pasar muchas cosas, pero no se arrepiente, ya que supo combinar sus ideales con sus valores por sobre todo.

 

Se reconoce como una persona líder desde siempre y que a pesar de ser siempre el menor de sus amigos tenía una  personalidad fuerte y cautivante, gracias a la claridad de sus ideales. De hecho, no sólo captaba la atención de sus pares, sino también de su entorno familiar. “Mi abuelo era demasiado condescendiente conmigo. Yo debo haber tenido cinco o seis años y mis amigos tenían 10 ó 12 años, ósea yo siempre fui el más chico, pero lideraba el grupo”.

 

El primer amor: la política
 
Claramente, el liderazgo es el rasgo que le permitió llegar al servicio público. “A mí siempre me gustó. Yo egresé del Liceo 2 de Recreo y fui presidente del Centro de Alumnos, pero nunca hubo un mensaje, un discurso político, no, ósea nosotros de política no teníamos idea. Mi vocación política se despertó en la universidad y en forma involuntaria”.

 

En ese minuto, supo que la manera de entregarse por completo a la ciudadanía era estudiando leyes, ya que reunía todo lo que quería para su vida: una profesión integral. “El abogado no es sólo el que tramita y atiende a personas sino que tiene un conocimiento integral. Te entregan como cierta lógica que te da mucha facilidad para resolver problemas”.

 

Problemas que ha debido dilucidar mediante las diversas modificaciones que ha realizado, como alcalde y  diputado, a la Constitución de nuestro país. Asimismo, ha debido enfrentar la antipatía de muchos. Sin embargo, este abogado de la Universidad de Chile no se deja aplacar por nada ni nadie.

 

En general no se considera partidario del aborto, pero mientras esté en peligro la vida del niño, de la madre, o cuando hay complicaciones de tipo médico cree que al menos, hay que cuestionárselo. “Yo creo que ahí los médicos tienen que tener la libertad de poder decidir junto con la familia”, asegura. De este modo, estima un retroceso social el hecho de haber penado el aborto terapéutico el año 89. Del mismo modo, demuestra su rebeldía con la bancada al haber sido uno de los tres RN que firmaron el proyecto de Ley de Divorcio.

 

El tesoro: su familia
 
Su vida siempre ha estado marcada por la aventura, incluso antes de nacer. Sin ir más lejos, sus padres se casaron cuando eran unos adolescentes, sin embargo, el matrimonio no prosperó y cuando él tenía dos años decidieron separarse. Por lo mismo, llegó de Limache a Santiago junto a su madre y hermanas. Al ser  el menor y único varón de aquel matrimonio  tuvo la responsabilidad de  continuar con la dinastía Longton. 
 
Como resultado de ello, se casó con la también ex alcaldesa y diputada Amelia Herrera, con quien tuvo tres hijos. Su hija mayor, Amelia, la describe como “regalona y tranquila, quitá de bulla”. Se declara como un abuelo “chocho” de sus nietas de siete y tres años. Con respecto a Arturo, asegura que siempre lo ha apoyado en todo lo que ha querido hacer, pero lamenta el hecho de que esté tan expuesto. “Él no tiene filtro, entonces se transforma en una persona demasiado conflictiva. Yo preferiría idealmente que hiciera otra cosa”. Con su hijo Andrés comparten gustos en literatura y  conversan de política. Lo describe como “moderado y de buen criterio”, las cuales estima condiciones necesarias para el servicio público.

 

Este hincha de la Universidad de Chile se considera un hogareño de tomo y lomo. La posibilidad de hacer el Doctorado en Derecho Histórico en la Universidad Complutense de Madrid durante el régimen militar le dio la posibilidad de afiatarse  y valorarse más como familia. “La ida España fue bien especial porque nos fuimos con muy poca plata, nos quedamos sin plata como al mes, la Amelia estaba chiquitita, tenía como dos años, fue una cuestión como bien a la aventura, pero una gran experiencia”.

 

Soy así: jugado y de valores claros
 
Se autodefine como “jugado por mis ideales”, y de “valores claros”. “El hecho de ser tan consecuente me ha traído muchos problemas,  tal vez a veces soy demasiado sincero, pero soy inclaudicable en mis valores”, asegura.

 

Es un agradecido de la vida, y aunque no es católico tiene una relación especial con Dios. Quizá porque estuvo varios años interno en el Colegio Salesiano de Valparaíso. “Yo creo que el sólo hecho de existir al ser humano ya lo hace afortunado, conocer la vida cosas buenas y sus cosas malas. Yo creo que estar en la Tierra es ser afortunado”.

 

Jamás reniega de la política. Enamorado de ella, declara que no se arrepiente de ningunos de los pasos que ha dado y hecho en ese plano, aunque, a veces, sea un poco agotador. “Desde que salí del Congreso en todas partes te miran como político. Desde buscar un trabajo, después en la Universidad, siempre, todo el tiempo. O vas en la calle, igual te paran. Mucha gente piensa que sigues siendo diputado. No sé po, en facebook te llegan muchos mensajes con los problemas de la gente. Yo creo que uno está como condenado eternamente a estar en la política”.

 

Arturo es un hombre que siente que no tiene cosas pendientes, sin embargo, siente que todavía puede entregar más. “Yo me siento súper útil tengo 61 años, tengo experiencia y creo que puedo ser un gran aporte para algún cargo político”. Sus motivaciones de vida son su familia y la política, y en ese plano, declara que su sueño es que Piñera sea presidente.  


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