Este abogado de 56 años, ha ejercido varios aspectos de su profesión, desde defensor público, hasta asesor legal. Sin embargo, lo que más le apasiona es la política. Ha estado inmerso desde muy joven en ella. De hecho, participó en la conocida reestructuración de la Democracia Cristiana en los años ochenta, partido del cual es militante hasta el día de hoy.
Tal como el Ave Fénix, este porteño renació de entre las cenizas y volvió a la lucha política. Supo reinventarse y convivir con el estigma de haber estado involucrado en el caso Spiniak. Asegura que eso, no se va jamás de la retina de la gente, pero que sí es posible restablecer la confianza.
“No tengo vacación de acompañante ni de segundón”
- ¿Por qué decidió presentarse ahora y no antes al Senado?
- Cuando el Senador Nelson Ávila se trasladó a Cordillera, el partido me pidió formalmente que fuera candidato a Senador. Por otra parte, yo sabía que teníamos que hacer un esfuerzo muy importante para apoyar la campaña presidencial. En consecuencia, el partido me solicitó tres cosas. En primer lugar, que ayude a arreglar el tema presidencial, eliminando un poco la brecha que se había producido entre Eduardo Frei y Sebastián Piñera. En segundo lugar, que ayude a las elecciones de los parlamentarios, particularmente los candidatos a diputados y por último, que dé la pelea por un cupo senatorial, sabiendo desde un principio que es difícil, ya que cuando partí mi campaña Ricardo Lagos era un candidato posicionado.
- Las encuestas lo muestran con un 10 % de preferencias, ¿qué hará para revertir eso y ganar más adeptos o nunca estuvo en sus planes ganar esta elección?
- A ver, nosotros vamos a dar la pelea para poder ganar. Respecto de las mediciones no me hago mayor problema porque las dos mediciones que hay, que son por parte de Renovación Nacional o de la UDI, tratan de demostrar cada cual: o gana Lavín o gana Chahuán. Nosotros debiéramos situarnos en una media cercana entre los 18 a 20 puntos, que es la media histórica de la Democracia Cristiana. Ahora, hay que entender que en el escenario nuestro está Joaquín Lavín, candidato presidencial en dos oportunidades y eso le permite tener un fuerte despliegue. En consecuencia, yo soy muy viejo y estoy muy acostumbrado a esta cosa. Además, no he perdido nunca una elección.
- ¿No tiene miedo que ésta sea la primera?
- Es que la verdad yo lo asumo como una de las posibilidades, pero a partir de eso, no tengo vocación de acompañante ni de segundón, yo estoy haciendo lo que tengo que hacer para ganar. Ahora, eso sin dejar de reconocer los méritos de mis adversarios ni el hecho de haber sido el último que partió la campaña. La verdad, yo me tomo esto como un desafío, más que complicaciones de otra naturaleza.
- ¿Qué persigue Hernán Pinto en su época senatorial?
- Bueno, yo creo que la experiencia que tengo como alcalde, durante tantos años, me permite poder visualizar un tema que es puntual y es que conozco el otro lado de la moneda. Entonces, sé lo que hay que corregir.
Estoy a favor de hacer la reforma tributaria, hay que rebajar el IVA, hay que aumentarle el impuesto a utilidades por parte de las empresas y hay que poner orden en la energía eléctrica. También hay que devolverle al Estado la educación y la salud, tienen que ser ellos quienes asuman directamente este tema. Creo efectivamente, en una regionalización más profunda que signifique desconcentrar el poder y la toma de decisiones.
“Uno logra restablecer la confianza con la gente”
Es un tema complejo y se nota. Le cuesta hablar del caso Spiniak. Aún no entiende por qué le causaron tanto daño. Sin embargo, confía en que Dios sabe por qué hace las cosas. Se aferra al hecho de que agotó todos los recursos para demostrar su inocencia. Con ello, se siente satisfecho. Dice tener el tema del todo zanjado, pero por momentos, deja ver su orgullo herido.
- Respecto al caso Spiniak, ¿siente que se ha podido sacar la etiqueta de culpable?
- Creo que esas cosas uno no las supera nunca porque el poder de los medios de comunicación es muy grande.
- ¿Se refiere a un daño de imagen? ¿Usted ya lo superó?
- Sí, completamente en un daño de imagen. Para mí el tema fue zanjado. Fue finiquitado incluso de una manera distinta. El ministro dijo en su momento: ‘mire la denuncia que se ha hecho podría significar que son hechos que estarían prescritos, por lo tanto, yo no voy a investigar, sino que voy a declarar que está todo prescrito’. Yo apelé a esa resolución y dije: ‘sabe, a mÍ no me sirve. Lo que necesito es que se investigue para que finalmente se diga que eso no pasó’. Finalmente la Corte de Apelaciones de Santiago en un fallo unánime dijeron que era imposible prescribir lo que no había sucedido. En consecuencia, restableció todo este tema al momento original y es que nunca existieron los hechos que fueron materia de la investigación.
-¿Y cómo enfrentó el tema socialmente?
- El punto es que la resolución de la corte de apelaciones, no necesariamente es entendida, compartida, ni menos difundida por toda la gente. Cuando yo llevé la noticia a los medios de comunicación, los mismos que habían publicado la primera página a colores respecto de esta situación, lo publicaron casi en el obituario. Entonces, no hay una retribución en esa materia. Ahora, creo que el tiempo va ayudando a que las cosas vayan asentándose y retomen su curso. Uno logra restablecer la confianza con la gente.
- Y en su campaña, ¿lo ha visto repercutir?
- No, nunca he vivido un caso en particular que yo pudiera destacar. Incluso en las mediciones que nosotros hacemos no es un tema presente, ni una significación. Le hemos preguntado a las personas que han señalado que no tendrían nunca intención de votar por mí, las razones y esto nunca ha aparecido como una de las causas. Ahora, influye mucho más de que a lo mejor en mi gestión hubo desórdenes en términos de administración.
- Respecto a eso, ¿algún mea culpa?
¿Yo?, no, es que no hubo desórdenes. Para entenderlo mejor, veamos que se contrató una auditoria externa, nos revisó la Contraloría y además de eso, Aldo Cornejo, como una medida de prevención le pidió a los tribunales que investigaran. Los resultados de las tres partes determinaron que no había ninguna situación de esa naturaleza. En consecuencia, por qué podría yo arrepentirme de algo que efectivamente se mostró que no existía.
- ¿Y cómo se entiende el déficit monetario de la Municipalidad de Valparaíso?
- Lo que yo me puedo cuestionar es haber tomado decisiones políticas que no todos pueden estar de acuerdo. Sin embargo, fueron decisiones que desde mi perspectiva, había que tomar. La idea era distribuir las cargas económicas en más de un periodo. Por lo tanto, yo trabajaba sobre la base de anticipar obras y pagarlas a lo largo del tiempo. Eso es perfectamente lícito, no tiene mayor inconveniente, aun cuando a alguien pueda no gustarle.
La familia: un amor infinito versus una gran pena
Se siente un hombre completamente afortunado en el plano personal. Casado hace 33 años con Marina, es padre de tres hijos. Sin embargo, hoy por hoy, quien le quita el sueño es su nieto de tres meses: Pablo Andrés, el primogénito de su hija mayor. En este escenario es capaz de hacer el gran mea culpa de su vida: la vida política lo transformó en un padre ausente, y cuando quiso enmendarlo fue tarde. De este modo, reconoce que no volvería a repetir un cargo político si ése fuera el costo.
- Por su vida política, ¿Dejó de lado la familia?
- Ése es el gran mea culpa que tengo. Creo que si hay algo que no volvería hacer, sería repetir mis ausencias, particularmente con mis hijos. Con mi hijo Hernán Andrés, me doy cuenta que fui un padre ausente y cuando quise poder recuperarlo ya no había tiempo. Él ya se había estructurado. Finalmente, es uno de los temas que más lamento de mi vida y de verdad, creo que no vale la pena pagar el costo.
-¿No volvería a ser alcalde entonces?
- O sea, si fuera ésa la opción, ni alcalde, ni ninguna cosa, no hay duda.