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| Sábado 5 de diciembre de 2009 |
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Autor: María José Gómez
Hasta el 17 de septiembre todo era normal para Camila Moreno. De pronto, y mientras pasaba algunos días en la playa, su vida dio un giro tras enterarse de su nominación al Grammy Latino “No me lo esperaba”, comenta perpleja. Desde aquél día el tiempo empezó correr a un ritmo distinto para la cantante. Su single “Millones” del disco “Almismotiempo”, postula en la categoría de Mejor Canción Alternativa junto a artistas como Café Tacuba y Calle 13. Ahora la reconocen en la calle y le llueven las entrevistas.
El teléfono de Manuela, su manager, no deja de sonar. Todos quieren saber de quién es la intensa voz que reclama por las injusticias del sistema. Camila lo toma con calma, “hay mucha bulla en el exterior y mucho silencio en el interior”, dice.
El 19 de noviembre fue el lanzamiento oficial de su nueva placa. “Todo ha sido un poco surrealista, un poco curioso”, comenta. Usa pantalones anchos, negros y rotos en la rodilla, una colorida blusa y encima un brillante polerón azul. Camila se acomoda para relatar un poco de su historia, tiene algo de tiempo mientras almuerza, pero no para hablar sobre lo mismo de siempre.
- ¿Estás aburrida de que te pregunten sobre la nominación al Grammy?
-¿Crees que pesa realmente a nivel nacional e internacional la nominación a un Grammy?
Todo al mismo tiempo
Desde el antejardín de la casa en Vitacura se nota que es un refugio de artistas, en el patio delantero hay tarros de pintura y brochas por todos lados. “Adentro no se puede fumar”, comenta Manuela, mientras bota el humo de un Kent 4. Más atrás uno de los músicos toca el acordeón. El living, iluminado por grandes ventanales está decorado con varios cuadros. Una gran pantalla plana junto a un Nintendo Wii parecen fuera de lugar. Los instrumentos de la banda algo desordenados también son parte del fondo.
Mucha gente entra y sale de la sala de estar, Camila se sienta para comer arroz con huevo y tomate. “¡Le puse esencia de Vainilla al huevo!, ¿no hay soya?... no importa me lo como igual”, dice riendo. Tras el rostro juvenil de la cantautora se esconde una mujer certera y fuerte, que carga con “Millones” de historias.
-¿Qué te inspira a escribir canciones?
-Son géneros muy distintos. ¿Qué te lleva a aunar todos esos estilos e influenciarte por ellos?
-En la calle, cuando una vieja que está vendiendo calzones y escuchando tu canción se conmueve, ésa es una gran recompensa, un verdadero premio, incluso una verdadera nominación. Ahí uno ve las cosas que son reales, lo demás es ciberespacio, nominaciones, y está bien ¿cachay?, pero no es la mayor retribución en mi corazón. Cuando alguien realmente entiende lo que dices y lo puedes ver, ahí está hecho el trabajo.
Artista_online
Camila Moreno partió como muchos músicos nuevos grabando canciones en su casa y subiéndolas a sitios Web. Más que una moda, el uso de Internet para quienes desean darse a conocer se ha vuelto una herramienta muy útil.
-Me ha servido mucho, igual que a los cientos de personas que están abriéndose un espacio en la música, es una de las buenas cosas que tiene la tecnología, se puede unir redes amplias y escuchar grupos de Rusia o de Noruega, cosas que tal vez uno no conocería si no existieran esos medios, es más fácil.
-Esa decisión no es mía, es del sello, en ese sentido yo no tengo mucho pito que tocar. En este momento me estoy tomando la música como mi trabajo y necesito también plata, así que ahora no pondría mi disco descargable en Internet. Pero no me importa si alguien lo hace por su cuenta y piratea el disco, ¡déle!, ¡vaya! Ser músico, no es un arte, no es juego, es un trabajo.
-“Millones” y una canción nueva que se llama “De la tierra”, pero eso es más un reproche hacia el sistema occidental actual. También hay otras formas de protesta como “Cosas que no se rompen”, que va a un nivel más profundo, más íntimo. O por ejemplo “Trenza”, que tiene una sola frase “si algo se escapa en la noche cuando se escuche llegar será un paisaje nuevo y todo se pondrá a bailar”. Eso te abre a miles de interpretaciones, pero yo estoy tratando de decir que cuando algo se escapa de uno y luego vuelve, todo tu paisaje interno cambia, las cosas se mueven y se liberan, se ponen a bailar. Es una forma de ver la vida y de manifestar el descontento por la no profundización de las cosas.
-De una larga reflexión sobre la vida, tiene que ver con una mirada que te da lo cotidiano. También de experiencias puntuales, de viajes, de la cosmovisión mapuche. Además leyendo letras de la Björk, The Beatles, de Radiohead, a Jodorowsky, a Cortázar, escuchando a la Violeta, todos hablan de lo mismo, todas esas cosas para mí son circulares, no aisladas. Por eso propongo una red en el disco y de ahí que el vestido te dé una sensación de bordado. Por ejemplo, una de las experiencias que me marcó, fue cuando una noche dormía en mi pieza y vi una red, vi como todo se entrelazaba. Es como un proceso intelectual de decir: la idea de Jodorowsky con esta idea de acá, con lo que dice Cortázar, más la canción que escuché en la micro, entonces se arma un mapa, se forma una red. Es un poco amplio, al igual que el disco que no propone un género específico ni un encasillamiento, no me gusta ser así con las cosas, prefiero que estén abiertas, sino pierdo la libertad, y si pierdo la libertad, me muero.
-Es algo importante para mí. Ahora estamos en un proceso de trabajo donde he recalcado mucho que quiero ir a tocar a poblaciones y en eventos a beneficio. Estuvimos en Leche para Haití, ahora vamos a ir a San Joaquín gratis, Rock Carnaza es con entrada liberada, y así. Yo creo que es una cosa que debe existir con la cultura en general, tiene que estar al alcance de todos. Igual eso es un criterio difícil porque es tu trabajo, entonces está bien hacer la mitad de cosas a beneficio y con la otra mitad tienes que ganar plata.
-¿Te hubiese gustado ser cantante en alguna de las épocas difíciles para Chile?
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