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Martes 22 de diciembre de 2009 Volver Enviar Imprimir

Autor: E. Nygma

CÓMO VIAJAR EN MICRO (SÓLO PARA ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS)

Nadie dijo que ser universitario era fácil. A continuación,un instructivo con consejos que te ayudarán a llegar sano y salvo a clases.

El primer paso para poder trasladarse en este medio de transporte siendo un estudiante universitario (de esos que a la legua se nota que lo son) en Viña del Mar, es divisar aquella micro que te sirve y rogar que no venga en tercera fila y haciendo carrera –aunque, admitámoslo, ese es el temor de todo viñamarino-. 

 

El siguiente paso es de extrema importancia. Consiste en esconder la famosa TNE. Sí, esa tarjeta plástica anaranjada con tu nombre, rut y fotografía estirada que te hace ver con unos cuantos kilos de más. Dentro del bolsillo, debajo de la manga o en cualquier otro sitio que a cada quien le acomode; no vaya a ser que el micrero la detecte y siga de largo hasta el siguiente paradero (esquina, semáforo, mitad de la cuadra o donde sea que se le ocurra detenerse).

 

La mochila tampoco ayuda. Mucho menos si va bien puesta sobre la espalda. Se aconseja acarrear la pila de cuadernos, libros y materiales en un bolso que aparente –al menos- ser de persona adulta y madura. Por ningún motivo, bajo ninguna circunstancia, acarrearlos en la mano (además, son más útiles libres para el resto del trayecto).

 

Una vez que se logra la proeza de escalar rápidamente a la máquina cuyo rugido del motor apura la maniobra (más difícil si se anda muy cargado), viene la etapa del pago. Conviene tener el dinero justo para no ser estafado con un boleto que no corresponde. Los ciento treinta pesos exactos, para que no te cobren como escolar privado (en caso de no serlo, claro está). 


Si pagas con más dinero y no estás dispuesto a ser el centro de la atención de la micro y del paradero, quedar públicamente humillado o defender tus derechos, entonces recibe cabizbajo el vuelto que el mandamás del vehículo decida depositar de mala gana en tu mano, asegurándote de dar las gracias y retirarte en silencio hacia el fondo del pasillo.


Como generalmente hay que viajar de pie –por el sólo hecho de ser estudiante no se puede estar cansado-, es vital saber afirmarse con fuerza de alguna pieza del vehículo que lo permita y tener cuidado de no golpear con el bolso de persona grande (o la mochila, en su defecto) en la cabeza a alguien.

 

Las curvas y las frenadas imprevistas suelen ser los momentos de mayor riesgo, debido a la alta velocidad en que transitan estos vehículos chilenos. No hay que preocuparse de no estar preparado; la práctica hace al maestro. Con un par de viajes extremos –puede entrenarse en los recorridos de cerros o en la Avenida España- ya se está más que listo para sobrevivir a un viaje de este estilo.

 

El resto de la travesía suele ser bastante tranquilo –incluso, un poco aburrido-, hasta que alguien del medio de la micro desea bajarse. Por eso, es aconsejable comenzar a abrirse camino entre la gente considerablemente antes del paradero en el que te deseas bajar.

 

Otro tip que puede ser bastante útil, es preparar la garganta y los pulmones. Vocalizar un do-re-mi o hacer ruidos aleatorios antes de subirse a la micro puede venir como anillo al dedo cuando necesite bajarse de la micro. Un “¡la puerta!”, “¡por atrás!” o un buen chiflido es suficiente cuando el timbre de la micro está malo (es bastante frecuente).


Recapitulando, divisar la micro, esconder la TNE, dinero justo y destreza para afirmarse y anticipar la bajada: ¡tienes todo lo que necesitas para ser un pasajero de micro universitario!


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