| Ud. está en: > Reportajes |
| Martes 13 de abril de 2010 |
|
|
|
Autor: Mónica Cerda
Decidí emprender un viaje directo a una de las zonas más afectadas por el pasado terremoto, a tan sólo 62 km del epicentro; Cauquenes. Para mí tiene un sentido distinto esta visita, pues estuve 20 días paseando por sus calles y alrededores durante el mes de febrero. Afortunadamente, mi viaje terminó 15 días ante del conocido desastre, sino, el relato de esta historia sería totalmente distinto. Durante todo este tiempo he visto muchísima información de Cauquenes a través de los medios, pero aunque suene repetido- no es lo mismo ver la destrucción por la tele que estar ahí, en vivo y en directo. Recorrí las calles tratando de ubicarme, pero desaparecieron tantas construcciones, que era muy difícil saber en qué parte me encontraba.
Cuando llegué a Cauquenes lo primero que me sorprendió fue ver que no había calle sin escombros. Un montón de casas desaparecieron y entre las que aún quedan de pie, varias están marcadas para ser demolidas. Según el municipio, son cerca de 6 mil las viviendas con daños severos, de las cuales mil deben ser demolidas completamente.
La gente se queja de que la mayor parte de la ayuda va sólo a la costa (Pelluhue, Curanipe), siendo que allí son muy pocas las personas que viven. "Las autoridades creen que las miles de personas que había ese fin de semana en la playa son del lugar, pero no. La mayoría estaban de vacaciones, las casas de allá son sólo de veraneo. Y se sigue enviando ayuda, mientras nosotros, que aquí perdimos tanto, ni nos pescan", comenta un cauquenino.
Asimismo, los lugareños manifiestan sus preocupaciones que están relacionadas principalmente con la llegada del invierno. Hay muchas familias viviendo en las calles y aún son muchos los escombros que quedan por retirar. Hasta el momento no se ven ni mediaguas, por lo que el futuro próximo de la comuna se ve complicado.
El movimiento en la ciudad está más lento, la gente se mueve pero con una languidez extraña. El comercio de a poco vuelve a funcionar; la feria ahora se ubica en cualquier calle (pues con los escombros, no puede establecerse donde lo hacía antes), la panadería más grande que abastece a toda la comuna atiende en la calle por una pequeña puerta, una de las dos ferreterías de la ciudad se incendió y una de las farmacias más importantes, está totalmente vacía. Los días posteriores al terremoto, fue saqueada y ahora está en pleno centro como recuerdo de esos espantosos momentos.
Muchos quieren que todo vuelva a la normalidad, mientras otros todavía no olvidan esa madrugada del 27 de febrero. Por ello, en la Plaza de Armas se encuentran dos pequeñas carpas en las que se proporciona -durante todo el día- ayuda psicológica a quienes lo necesiten.
Lo que se llevó la ola
Mi viaje no podía terminar sin visitar una de las zonas afectadas por el tsunami. Por eso me dirigí a Pelluhue, para ver realmente qué había ocurrido. Cuando llegué lo más fuerte fue encontrarme con un peladero justo en el sector en el que me alojé cuando estuve de vacaciones. La casa en la que dormí se la llevó el mar y lo único que queda son trozos de platos y el piso del baño, nada más.
Toda la zona costera de esa hermosa playa está vacía. Desapareció la única bencinera del lugar, el estadio, algunos locales comerciales, residencias, juegos y plazas. Las calles están vacías. Se nota que lo que más afectó a Pelluhue y sus alrededores no fue el terremoto, sino que el posterior tsunami, pues lo único que desapareció fue lo que arrasó el mar. El resto del balneario está en pie, no se ven ni escombros, ni grietas, ni casas fracturadas, a diferencia de lo que ocurre en Cauquenes.
Relatos de la fatídica noche
Hay muchas historias de personas que vivieron el cataclismo, pero de las que se cuentan, la que más me conmovió fue la de una familia que tenía una residencial a orillas del mar. La noche del terremoto se encontraba la dueña junto a sus hijos y su madre discapacitada. Una vez finalizado el movimiento telúrico, la mujer decide dejar a su madre y arrancar al cerro para salvar su vida, pero sin darse cuenta que su hijo de 22 años no quiso abandonar a su abuela, y se quedó. Ambos murieron y hoy en el lugar es posible ver dos banderas chilenas sobre la loza que quedó de dicha construcción.
Isabel (45 años, Pelluhue): "Yo estaba durmiendo en mi casa y empezó el terremoto. Nadie dio alerta de tsunami, pero era obvio que con un movimiento de esa magnitud había que arrancar al cerro. Mi mayor preocupación eran mis hijas que no estaban conmigo y mi madre que estaba sola en una casa de adobe en Cauquenes".
Natalia (19 años, Pelluhue): "Yo estaba con unos amigos en la disco cuando empezó el remezón. Entre todos nos afirmamos para no caer al suelo. Esperamos que terminara para salir del lugar y nos fuimos al tiro al cerro. Cuando llegamos, escuchamos cuando entró la ola y no veíamos nada eso fue súper fuerte".
Alejandro (15 años, Cauquenes): "El terremoto me pilló durmiendo en un segundo piso, fue bien fuerte. Pero lo más heavy fue cuando miré por la ventana y vi cómo se caía la casa del frente".
Patricia (47 años, Cauquenes): "Pensé que nos había llegado la hora. ¡Es que fue algo inimaginable! Mucha gente que conozco se despidió de sus familias durante el terremoto pensando que era el fin del mundo... yo también lo pensé". |