El pequeño Pablo, llamado también El Bola, de doce años, carga con el peso de una familia devastada por la violencia, con el deterioramiento de la vida de su abuela y la severidad de un padre estricto. Esta situación lo lleva a alejarse de sus compañeros y refugiarse en su timidez. Sin embargo, esto cambia con la llegada de su nuevo compañero Alfredo, quien lo sacará de aquella vida tormentosa para mostrarle otra realidad.
Junto a su reciente amigo, comienza a conocer una vida totalmente ajena para él, una familia inmersa en el amor, el respeto y el afecto mutuo. La diferencia de vidas es abismante y le sirve a El Bola para contrastar realidades, asumir su condición y enfrentar más tarde a su padre.
Ambos pequeños, deben superar diariamente los obstáculos que la vida les pone en el camino. A pesar de las dificultades, Alfredo y Pablo, creen tener el valor para superar cada encrucijada, pues para ellos, su amistad será la herramienta esencial para seguir adelante y salir victoriosos de cada conflicto.
Violencia intrafamiliar y Sida, son sólo algunos de los fantasmas que rodean la vida de estos dos muchachos, donde la muerte cada vez esta más cerca. Es en este contexto, donde El Bola tratará de mantener una hermandad que le costará más que unas bofetadas, pues hará todo para no separase de la familia de Alfredo, que lo ha acogido como un hijo.
A través de una excelente ambientación y musicalización, Acharo Mañas realiza una trama impresionante, que lleva al espectador a introducirse en un drama que impacta. A ello se suman los diálogos fluidos y la excelente interpretación Juan José Ballesta (Pablo), creando una atmósfera muy realista.
Con cámaras que captan las penetrantes miradas y primeros planos que reflejan el pesar que viven los actores, El Bola retrata los conflictos que se llevan a cabo en la sociedad. Sin necesidad de destacar la crueldad, los enfoques captan precisamente lo que el espectador debe ver para sacar sus propias conclusiones.
Además, hay que destacar que A. Mañas sintetiza los diálogos para dar mayor cabida a encuadres, efectos de iluminación, montaje, e interpretaciones (acompañadas de efectos sonoros y musicales), que terminan por mostrar una narración precisa y visualmente espectacular. De esta manera, el director ahonda en temas tan importantes como el valor de la amistad y el núcleo familiar formado en torno al afecto.
Finalmente, se centra en algunos símbolos que a través de sutiles enfoques llaman la atención y a la interpretación, tales como la bola que Pablo siempre lleva consigo (por ello su denominación), la línea férrea que en muchas ocasiones está en primer plano, el tren y la abuela. Sin mayores explicaciones, todas estas representaciones tienen un significado especial que hacen de la narración una trama que vale la pena ver.